28 de diciembre de 2014

Sin tu presencia...

16:23 10 Comentarios
Ya es navidad y tú deberías andar por ahí conmigo de la mano, viendo juntos lo bonita que está la ciudad. Esta es mi época favorita del año, eso ya lo sabías, pero nunca te dije el porqué: la gente suele estar más alegre, es más amable, regala más amor aunque los problemas sigan siendo los mismos, aunque el trafico sea un asco y los abusos del gobierno cada vez sean peores. Creo que las luces de los adornos navideños siempre están tan brillantes y contentas porque hablan de ti; de tu boca, de tus manos, de tu cara, de todo tu ser, dime quién no se pondría contento cuando se trata de ti. El otoño ha arrasado con todas las hojas de los arboles, con lo único que no ha podido es con mi tristeza. Todos ya sienten el invierno menos yo, vivo en él desde que no estás. Antes no dejaba de pensar en «como me acostumbré a ti», ahora la delgada línea entre eso y «cómo me acostumbro sin ti» es un tremendo abismo.

21 de diciembre de 2014

Como aprender a desaprender

12:23 10 Comentarios

Porque mi cuerpo no está preparado para experimentar una pérdida. Porque no nací para despedirme, sino para encontrarte. Para conocer a personas como tú en las que poder echar raíces. Para aprender a confiar y convencerme de que no estamos solos en este mundo. Y es que qué más me daba eso de que “nacemos y morimos solos”, si podía disfrutar contigo. 
Me pregunto cómo se aprende a desaprender. Sobretodo cuando no quieres. Sobretodo cuando olvidarte es lo último en mi lista del manual de supervivencia. Cuando ni quiero, ni debo. Y es que olvidarte sería como si te hubiera matado en vida. Siento rabia. Y es que voy a tener que aprender a vivir contigo, pero sin ti. Cuando alguien se va, no existe expresión capaz de definir aquello que siente el que se queda. 
''Eres esa la cicatriz para la que aún no se han inventado curas. El final feliz, una huella en mi recuerdo y, sobre todo… mi secreto.''

13 de diciembre de 2014

Basta giocare un cuore

19:39 10 Comentarios
Creía que lo tenía totalmente superado, lo he dicho bien, creía. Creía que esa herida se había cerrado para siempre con puntos invisibles pero veo que no. Creía que no volvería a importarme y lo peor; creía que no volvería a estar mal por eso. Ni he mencionado como duele, diría que más que la primera vez y ya es bastante complicado. 'Solo es cuestión de tiempo'  me decía a mi misma, otra mentira más que acabé creyéndome en su momento, pero hoy no ha funcionado. Supongo que solo era un buen inicio para olvidarlo. Y demasiados intentos. Tal vez me acostumbré a todo esto y ahora estoy un poco más cerca de la realidad, culpa mía.
Me dirán que sea fuerte, ¿pero acaso saben ellos lo que siento? ¿Acaso saben ellos lo difícil que es? Sinceramente lo dudo. Decirlo es sencillo, sí, pero, ¿y hacerlo? Aquí ya cambian los papeles. No tienen ni idea de lo que es sonreír con alguien que aprecias simplemente porque no quieres que se preocupe. Que bien disimulamos cuando nos interesa... Y ojalá pudiera volver atrás y congelar el tiempo. ¿Alguna vez has llorado porque sabes que nada volverá a ser como antes?
 

6 de diciembre de 2014

Felicidad al alcance de las manos

11:00 12 Comentarios
 
Y de pronto te das cuenta de que las pequeñas cosas que son las más interesantes, significativas y bonitas nunca las apreciamos, aunque todos las deberíamos apreciar. Como el amanecer y el atardecer, cuando el sol está en su máximo esplendor. También el observar esas cosas en el cielo que la gente llama nubes, esas que parecen que son de algodón y que al tocarlas podrían ser como la seda, aunque solo sea vapor. O ir escuchando tu canción favorita mientras vas en el coche. El soñar, leer un libro al aire libre, pasar un rato con la familia sin distracciones excepto todas la conversaciones locas que hacen. Dibujar, salir una tarde a caminar así porque sí, escribir, tocar un instrumento... Aprender algo nuevo como por ejemplo una forma nueva de bailar, dejar caer la lluvia sobre tus manos, ayudar a alguien y sacarle una sonrisa. Tumbarte bajo la sombra de un árbol y ver sus hojas agitarse al ritmo del viento, columpiarte con los ojos cerrados y sentir que vuelas, como cuando eras pequeña. El placer de que te vean como un loco, porque eres feliz. Las pequeñas cosas muchas veces no las apreciamos, nos dejamos llevar por las cosas materiales, por cosas que nos hacen "felices", bueno así lo pensamos, pero nunca nos ponemos a pensar en las cosas pequeñas en las que si te detienes un poco y las observas, las sientes. Vive el hoy, deja tu pasado donde debe estar, quédate con las cosas buenas, deja de lamentarte y vive feliz, deja la monotonía e intenta hacer algo nuevo cada día. Vive porque nunca serás mas joven que hoy.

1 de diciembre de 2014

Uno entre un millón

16:20 8 Comentarios
Es que le quiero, joder, le quiero. No sabes cómo me acelera el corazón cuando me mira directamente a los ojos por varios minutos sin decir nada, y después sonríe, así, sin más. Tendrías que verle para darte cuenta de que con él no importa si existen finales felices, porque ni siquiera te importa si existen finales, así sean felices o tristes. Sólo quieres iniciar una historia, la más bonita, con él. Tiene una forma especial de matarme, su sonrisa es una bala para quien la mira. Su manía por hacer complicadas las cosas más simples, su naturaleza de amar por encima de cualquier corazón roto y su forma de creer que, incluso las cosas que parecen no tener arreglo, lo tienen. Eso lo hace, tal vez no único pero sí uno entre un millón. No es cualquier chico, no le encuentras con sólo salir a la calle; sabes que es uno de ellos cuando te habla por telepatía. No es típico, tampoco inusual. Es él y eso basta. Eso es todo. No importa si los atardeceres terminaran destruyéndole la vida, que luego él lo arregla en la cama. Conmigo, digo. Como aquella vez que me contó que tenía un par de noches desarregladas por personas que terminaron matándole y que le llevó años hacerse fuerte. Porque hacerlo implica muchas noches entre llantos y no de un día para otro como dicen.
«Comprobé que era inmortal cuando decidió enseñarme sus pecas que traía en su espalda, que por cierto, mide 24 besos del infinito.»